
Durante el período de gran crecimiento demográfico y económico que supuso la mayor parte del siglo XVI, y aún en parte del XVII,
Baeza construyó sus edificios públicos y administrativos con alto
sentido de capitalidad y con la más alta dignidad, conformando así,
junto con las construcciones eclesiásticas, un tejido urbano
caracterizado por una monumentalidad que ha dado a la ciudad un encanto
especial a los ojos del visitante.